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viernes, 11 de diciembre de 2009

CHILD IN TIME

Una gran nube negra se posa sobre mi cerebro descubierto. No sé si esa nube soy yo o es el cielo triste. Quizás seamos los dos. Ya no hay esperanza. Desde que nací supe que no viviría lo suficiente como para morir, sabiendo que viviría para nacer.
¿Qué silueta dibuja mi sangre?, es la de una lágrima. ¡Oh viejo Pierrot que joven te veo!. Que transparente te percibo, oigo tus sollozos, tus temores, los míos. Algún día nos bañaremos juntos en sangre de cocodrilo. Que bello es aquel animal que sobrevive a si mismo, cuanto cuesta.
Ni tan si quiera el sol puede atravesar esa nube verdosa. Que horror no ver el cielo, pero hay un horror mayor, no saber si eso, es el cielo.
Una lagartija corre entre los relámpagos, es dorada, en su espalda lleva incrustada joyas, piedras preciosas. Un rayo la ha partido en trocitos. Ahora llueve oro, si me desnudo quizás muera. Que fácil. Que difícil. Que simple. La simpleza siempre encierra algo complejo. Pero sólo cuando esa simpleza es de alguien complejo, sino es una bolsa de basura barata, las tres “bes”, esta consonante me recuerda algo, su similitud me asusta, quizás a un número.
No sé si romper lo de ahí arriba. Creo que no puedo. Quizás tanta preocupación sea innecesaria. Pero, ¿qué demonios habrá detrás de tanta oscuridad?, quizás eso, solo eso, demonios. Pero si fuese así, ¿por qué no me recogen de una vez?. Quizás hay….. como se llaman, sí esos seres sin sexo, con el pelo rubio y rizado, con alas, ¡no, no me refiero a bisexuales liberales!. ¡Ah ya sé!, ¡arquetipos!, no, ¡angelitos!. No sé si detrás de eso habrá ángeles, como no sean del infierno.
Creo que he perdido algo, no sé el qué. Me parece que son las ganas de un mañana, o a lo mejor es la sangre, quizás lo he derramado sin darme cuenta. Pero hoy he bebido, no me puede faltar. Cada vez que tacho un día en el calendario un lobo me arranca un trozo de mi carne. Hoy ese lobo se ha llevado mi fuego, ¡ese maldito!. Oigo dentro de mí unas notas que quieren revivirlo. Cada vez temo más y más a esos ojos rojos que me miras, ¿es que no está saciado?. Tendría que hundir mis dedos en esos ojos, una vez en mis manos, comérmelos, ya irán creciendo poco a poco. Me veo reflejado en una gota de barro y me escupo. No puedo hacer nada, soy, me siento, estoy impotente. Venderé mi cuerpo a la ciencia y mi alma al Diablo, no sé; quizás mi alma a la ciencia y mi cuerpo al Diablo, o simplemente nadaré desnudo en un mar de zarzas.
Las células de mi cerebro deben estar jugando a rugby, que dolor. Cada vez me estoy clavando más y más plumas. Mi sangre corre por hojas y tallos de árboles blancos y azules. Pero mi sangre es limitada, moriré. ¿Por qué no llueve?, que estupidez el cielo está descubierto, ninguna nube negra lo cubre. Es el cielo el que está así, de ese color putrefacto. Me encanta tu color pero cuando hay estrella, no cuando ya están muertas. Ese color te lo he puesto yo, ¿Qué quiero esconder, que tapo, a qué renuncio? No lo sabré hasta que no rompa ese cristal azabache. ¿Cómo llegaré hasta allí?, allí donde no existe el horizonte llamado Hoy. Allí donde temo ir. Como. Ya sé, con alas, no, alguien me dijo que si algo quieres sólo con cogerlo basta. Explicaba un cuento que decía: Un hombre se enamoró de una estrella. Su amor era grande, inmenso. Se sentaba al borde de un acantilado para contemplar a su amada. Un día decidió saltar y cogerla. Así lo hizo, pero cuando estaba en el aire pensó que no llegaría, y así fue; vaya si vio estrellas. El narrador del cuento me dijo que si hubiese confiado en si mismo, si hubiese pensado en que sí podía conseguir su meta, ahora sería un amante.
Ya está, yo haré lo mismo, sé que puedo, por que es lo que quiero. Correré hacia él y saltaré con todas mis fuerzas, ya está, ¡ya llego!, ¡que grande es mi cielo!. Voy a romperlo, ¿pero como?, ¡gritando!, ¡cantando!. Me acompañan las notas de mi interior.
Se va desgarrando, ¿qué habrá detrás?. Ya puedo verlo, casi, pasan rayos por las grietas, truenos hacen eco en mi estómago, mis venas serpentean por mi cuerpo y por el cielo, mi cerebro se desparrama, ya puedo ver lo que hay detrás.
-¿Qué fue lo que vio?.
- Lo que vio, amigo, fue su muerte.
-¿Pero eso le importaba?
- No, eso no. Por eso llegó, así sin más.
-¿Sabes cuales fueron sus últimas palabras?
- Yo no, pero tu si que lo sabes, dímelo por favor.
- Creí que lo habías oído, a mi me lo ha dicho una serpiente que chupó de la sangre de aquel individuo que a su vez fue comida por un hombre pequeño que a su vez fue destrozado por un águila. Me dijo: “Lo último que cantó fue Chile in time”.(1)



(1) Canción del grupo de rock Deep Purple (Niño al día)

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