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viernes, 23 de abril de 2010

EL LATIDO DE UN ÁRBOL (2º fragmento)

-Viejo estúpido, ¿así eres feliz?, ¿quieres que te repudie?, así será más feliz todavía, sigue caminando quizás te llegue más pronto tu fin.- Se alejo dejando al anciano más pensativo que nunca. No pienses viejo o desearás tu muerte, solo sigue caminando como antes, ese fue el consejo para el errante caminador.
Nuestro viajero llegó a un pueblo. Allí vio y conoció a gente tan diferente a la que él conocía que le sorprendió. No sabía que hacer que buscar, si algo o alguien. Curas, siempre habían en esos pueblos, es el ser más solitario, pero ni él ni su rebaño así lo creen. Fue en busca del pueblerino más ateo, que podía hacer sino, la gente normal cree en lo que dice su “pastor”. Preguntó a una mujer: “Perdone gentil dama, ¿podría decirme que persona es la más atea del pueblo?.
-Claro que sí forastero, ese es Fermín.

-¿Podría indicarme donde lo podría encontrar?
-¡Pregunta mucho usted, señor forastero!, pues a ese descarriado lo puede usted encontrar en el cementerio.- La señora se alejó sin decir una palabra más mientras se santiguaba. Gorda inculta, pensó él. Fue a la afueras del pueblucho, allí en una explanada se encontraba, detrás de un verja de hierro oxidado, el cementerio. Costaba horrores abrir la puerta, un par de bastonazos ayudaron bastante. Ahora el problema era encontrar la tumba de Fermín, quizás la que no tuviese crucifijo, pero todas tenían referencias a la cruz. Una señora lloraba en un sepulcro mientras depositaba unas rosas ensangrentadas. El Hombre Arbusto se le acercó y le preguntó: “Perdone desdichada señora, ¿podría decirme cual es la cama eterna de la persona más atea de este pueblo?
-Sí, Es esta y no soy desdichada, no lloro por mi desdicha sino por la pérdida de mi hijo, el Hombre más ateo del pueblo, aquel que todos llamaban Fermín.
-Llorar puede ser por amor o por tristeza, ¿por qué razón lo hace usted?.
-Porque mi hijo vive por fin en paz. Vivir en un pueblo como este, ser joven y tener tantas preguntas y tantas aspiraciones y tantos temores y …en fin, ser un solitario, como usted joven viajero, tenía martirizado su corazón. El deseaba la muerte pero no la buscaba por mí, él me quería y eso le bastaba para seguir viviendo.
-Su hijo debió ser un muchacho muy inteligente pero atormentado. A él no le busco, no estaba y no se podía sentir solo, teniendo un amor tan grande, su desdicha no me sirve, porqué no la hay. ¿Cómo murió?- Ella alzó la cabeza, lo miró a los ojos y ni una sola palabra salieron de sus labios. Entonces es cuando nuestro joven pudo observar la belleza de aquella mujer. “Es usted como el alba sin sol, con nubes que dibujan siluetas delicadas y blancas, dejando el cielo aún algo oscuro, pero que poco a poco va haciéndose más celeste. Celestial es su rostro, ahora sé lo que es Dios, no puede ser otra cosa que un ser tan bello como el que mis ojos están viendo ahora. Después de verla ,morir ya puedo escuchando la melodía de Wagner. El cielo y la tierra pueden unirse si quieren, no me importa ya. Su vestido negro realza más su naturaleza casi divina, que tiemble Venus y todo el Olimpo.
-No hables más y vete.
-No puedo, quedarme debo, sin su presencia partiré al reino de los no vivos. Necesito de usted para vivir, necesito sus brazos, sus besos, sus caricias, sus…

2 comentarios:

  1. Dramatico, pero me gustó.Saludos.

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  2. Me ha gustado mucho este nuevo fragmento que nos propones, es muy dramático y esta muy bien escrito.
    Saludos.
    Justo

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